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Negocios de inmigrantes intentan vencer a la recesión

New America Media, Reportaje, Elena Shore Posted: Sep 28, 2009

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Nota del editor: Las pequeñas empresas son la columna vertebral de las comunidades de inmigrantes y las economías locales, por lo que no es ninguna sorpresa que estén sintiendo los efectos de la recesión económica. Mientras los clientes se resienten en sus ingresos, los negocios ven los efectos en los hábitos de consumo. Imaginativos y resistentes, las pequeñas empresas tambien se adaptan al nuevo clima económico para sobrevivir. NAM entrevistó a empresarios de las comunidades latina, china y vietnamita en San Francisco y Oakland para saber como están sobreviviendo en la recesión.


Dinero para el alquiler, no para paletas

Con recesión o sin ella, los negocios mexicanos que sirven menus tradicionales como conches, paletas, tacos y sopes a ciudadanos locales en el Mission District de San Francisco siguen siendo un lugar de reunión popular en el vecindario.

Pero las ventas son otra historia.

"Había colas de gente. Ya no es como antes", dijo Estela Valle, de 56 años, describiendo la bajada de clientes en su panadería, La Mexicana Bakery, en la calle 24. La panadería del barrio ha vendido pasteles horneados desde 1972. Desde que falló el sistema económico, Valle dice que el negocio se ha visto reducido un 40 por ciento.

Pero la panadería, que abre de 4:30 a.m. a 8:00 p.m., sigue siendo popular entre la clientela normal de amas de casa y trabajadores de la construccion, según cuenta Valle, simplemente están comprando menos.

En una mañana hace poco, varias mujeres locales llegaron y charlaron sobre sus familias con Valle, mientras soñaba de fondo un programa de radio.

“Esta panadería siempre le gustaba a la gente", dice Valle. "Es una necesidad, no un lujo".

Carlos, de 33 años, que vende paletas en sabores de limón, tamarindo y coco en la calle Mission, dice que éstas no siempre parecen una necesidad. "La mayoría de la gente quiere ahorrar para el alquiler y la comida", dice Carlos, quien pidió que no publicaramos su apellido.

"Tres o cuatro veces al dia", dijo, "veo un niño pidiendo un helado y la mamá le dice ‘No, no traigo dinero’". Antes de la recesión, dice que ésto sólo pasaba una o dos veces al dia.

Carlos, quien llegó al pais hace cuatro años desde Puebla, Mexico, dice que la recesión económica fue una sorpresa. "Nunca me hubiera imaginado que hubiera un declive en la economía", dijo. "Yo vine aqui a trabajar".

Suele vender unos 50 dólares en paletas cada día desde la esquina, donde trabaja entre las 9 de la mañana y las 7 de la tarde, siete días a la semana. La mitad de lo que gana se lo da a su jefe, que trabaja con puestos de venta de helados en la zona. La otra mitad apenas le sirve para vivir.

Pero aun así se las arregla para enviar dinero a su familia. Hace cuatro anos, les enviaba 600 dólares al mes. Ahora dice que envía unos 300.

"La vida es dura", dijo. "Pero si eres fuerte, puedes superarlo".

De vuelta en la calle 24, un sendero constante de locales hacen cola para comprar tacos en Taquería Vallarta, que ha servido un menú de desayuno, comida y cena bajo el mismo dueño durante 10 años.

"El negocio ha bajado, pero no hay menos clientes. Puede que hasta tengamos más. La diferencia es que comen menos", dice la cajera Alisa Berea.

Los clientes que solían comprar platos enteros para cenar, con camarones o asado con arroz y frijoles, ahora compran tacos a $1.50 cada uno. Otros piden cosas de fuera del menú -- un plato de arroz y frijoles por $2.50 o chips con frijoles por encima por $1.50.

Algunas taquerías, dijo Berea, han bajado los precios de los burritos para atraer a más clientes. Pero dice que el efecto es solo psicológico -- también han subido los precios de otros productos, como las bebidas, para salvar la diferencia.

"Creo que la gente se da cuenta", dijo.

Uno de los negocios más ajetreados de la calle 24 es La Palma Mexicatessan, que estuvo lleno todo el día un miércoles reciente. Fundado en 1953, La Palma es famoso por sus tortillas, sopes y huaraches, que vende a la libra a restaurantes y clientes que compran la comida para llevar. También vende frutas y verduras y comidas preparadas como chicharrones, tacos y burritos.

Mario Castaño, de 18 años e hijo de uno de los dueños de la tienda, dice que los clientes compran menos comida preparada estos días, y más ingredientes separados que pueden cocinar en casa. Pero Castaño dice que la gente sigue volviendo por las tortillas.

"Cuando estoy en Sacramento me encuentro con gente que conoce nuestras tortillas", dijo Castaño. "No hay otro sitio que las haga, y son buenas".

¿Sin trabajo? Olvídese de dry cleaning

Los negocios de dry cleaning en San Francisco, la mayoría llevados por ciudadanos de origen chino, han visto como sus ingresos se reducen igual que la economía. "Las camisas están más sucias", dice Betty Chan, propietaria de Rainbow Laundry, un servicio de lavanderia y lavado en seco en la confluencia del barrio chino y el distrito financiero durante más de 30 años. "Puedo decir por los cuellos manchados que la gente se pone las camisas mas de un día".

La manicura es un lujo

Los propietarios de salones de belleza, la mayoría mujeres inmigrantes vietnamitas, dicen que sus negocios están bajando con la economía. Susan (Xuan) Le, dueña de Susan’s Nail and Spa en Oakland, trabaja en manicuras hace 20 años y dice que éste es el momento más duro. "Te digo que ha sido muy duro", dijo. "Solía ganar unos 200 o 300 dólares al día. Ahora es entre 10 y 30 dólares. Un día, sólo gane 6 dolares por reparar dos uñas".



Reportaje adicional por Vivian Po y Ngoc Nguyen.
Traducido por Cristina Fernandez-Pereda.



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