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Los mexicanos en los EEUU temen la violencia en México

New America Media, Reportaje, Manuel Ortiz Posted: Jan 23, 2010

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REDWOOD CITY, Calif.—La pobreza y falta de empleo ya no son las únicas causas por las que algunos inmigrantes mexicanos radicados en los Estados Unidos no quieren volver a su país. Aunado, ahora está el pánico por altos niveles de violencia producto de la llamada “guerra contra el narcotráfico” iniciada por el presidente Felipe Calderón.

Sinaloa en el ojo del huracán

Luis Carvajal, un inmigrante de 30 años originario de Sinaloa, México, dice sentirse muy “triste” y “nostálgico” por lo que está ocurriendo en su estado. Comenta: “Todos mis familiares que están allá nos cuentan que la violencia está en un grado como nunca antes”.

Y es que de los más de 16 mil 205 ajusticiamientos cometidos en México durante la administración de Calderón, la mayoría han ocurrido en los estados de Sinaloa, Chihuahua, Baja California, Durango, Michoacán y Guerrero. El 2009, en tanto, fue el año más violento de la última década, con 7 mil 724 ejecuciones, además de que repuntó el delito del secuestro (donde suelen participan narcotraficantes), llegando a 111 por mes.

Y si bien el gobierno federal ha emprendido una intensa campaña mediática para ganarse la confianza de los mexicanos (dentro y fuera del país), y asegura constantemente que va ganando la guerra, las funestas cifras ponen en entredicho a los discursos. Tan sólo en lo que va de enero del 2010, 370 personas han sido ejecutadas en Sinaloa, entre quienes se encuentran tres periodistas. De acuerdo a Carvajal, quien lleva seis años viviendo en los EE.UU., “allá las cosas cada día están peor”.

“Sinaloa siempre ha sido conocido porque los grandes capos de la droga han salido de ahí”, cuenta Carvajal. “Recuerdo que cuando yo vivía allá había violencia, pero nada comparado con lo de ahora; en mi barrio (en Los Mochis) nunca había balaceras, y ahora las hay todos los días a cualquier hora; diario hay muertos”. Y agregar con notoria indignación: “Hace unos días asesinaron y colgaron a dos personas de un puente en Los Mochis; eso era impensable apenas dos años atrás”.

Carvajal dice que se mantiene informado de lo que pasa en Sinaloa, más por los testimonios de familiares y gente conocida que por las noticias. Comenta que siente estrés, pues “el 90 por cierto” de su familia sigue viviendo allá y teme por su seguridad.

El gobierno federal, en sus intentos por limpiar la mala imagen que le crea la violencia, se ha empeñado en manifestar que las muertes corresponden a narcotraficantes, y que los altos niveles de violencia son un indicador de que se está combatiendo de manera efectiva al crimen organizado. Y en efecto, la gran mayoría de ejecutados, según datos, corresponde, o bien a personas que ha tenido un vínculo con la delincuencia, o a policías y militares.

No obstante, como advierte un editorial del diario mexicano La Jornada (11 de enero de 2010), los civiles, incluyendo niños y mujeres, a menudo quedan indefensos en medio de la línea de fuego.

Precisamente cuenta Carvajal que un familiar suyo que nada tenía que ver con el crimen organizado, fue asesinado hace poco tiempo en Sinaloa. “Fue a un lavado de autos y al lugar llegó un grupo de personas para asesinar a alguien que se encontraba en el lavado, pero entre la balacera murieron varios inocentes”.

Debido a la violencia, expone Carvajal, “gente como yo que antes soñaba con regresar al país [México], o incluso ir de vacaciones, ya la piensa dos veces; y por el contrario, muchos de allá quieren venirse [a EE.UU.] porque tienen temor”.

“Yo no regresaría a vivir en Sinaloa” contesta sin titubeos Elizabeth Aguilar, migrante de 36 años originaria de ese estado, quien trabaja limpiando casas. “Sinaloa es muy bonito y me gusta mucho mi país en general, pero todo se ha convertido en un caos, en Sinaloa gobierna el narcotráfico, no es un secreto, todos allá lo saben”.

Aunque la mayor parte de la familia de Aguilar radica en los EE.UU., sus padres viven en Sinaloa. Comenta: “Me preocupa que estén allá. Me gustaría mucho que se vinieran a EE.UU., incluso siempre que hablo con ellos se los pido: que se vengan. El tema de la violencia es inevitable en las pláticas de la familia. Creo que a todos, no sólo en mi familia sino con la gente que platico aquí, nos estresa mucho lo que sucede allá”.

Periodistas, obligados al exilio

“Es gravísimo lo que está ocurriendo” en México, expresa el periodista mexicano Francisco Barradas quien reside en San Francisco. Dice sentirse muy consternado, sobre todo por los asesinatos y desapariciones de periodistas. Y no es para menos. En la última década fueron asesinados 65 informadores en México, lo que lo coloca en el primer sitio en este tipo de delitos en todo América Latina, aunado a que el país se convirtió en uno de los más peligrosos para ejercer el periodismo en el mundo. Ninguno de los casos de comunicadores aniquilados ha sido resuelto.

Es por ello, escribe la periodista Sanjuana Martínez en su blog (elbomerang.com), que “en los últimos años los periodistas se han visto obligados a abandonar su país para salvar la vida. Algunos han decidido pedir asilo en Estados Unidos y Canadá por motivos de persecución”.

“Decenas de agresiones se han registrado en el último año [2009] y 14 asesinatos. Cuando los periodistas denuncian la connivencia de autoridades, policías, gobernantes o políticos, con el crimen organizado, saltan chispas. Y las advertencias pueden venir en forma de amenazas telefónicas, vía email, seguimientos, agresiones verbales o físicas; robos, ataques contra sus casas o vehículos y crímenes ejemplarizantes”, agrega Martínez.

Uno de tantos casos es el del periodista Emilio Gutiérrez Soto, exiliado junto a su hijo en los EE.UU. desde el 16 de junio de 2008, luego de ser amenazado de muerte por militares. “Yo salí de mi país huyendo de la violencia que ejerce el Estado mexicano en contra de los periodistas a través del Ejército mexicano”, denuncia el comunicado en un video realizado por la organización Periodistas sin Fronteras con sede en Nueva York.

Gutiérrez trabajaba en El Diario Noreste de Chihuahua junto con el periodista Armando Rodríguez Carreón. Ambos comunicadores cubrían temas relacionados con el narcotráfico y fueron amenazados por militares, según el reporte de Reporteros sin Fronteras. El 5 de mayo una docena de militares ingresaron de forma “ilegal” al domicilio de Gutiérrez para registrarlo pero no se llevaron nada. Las amenazas siguieron, por lo que Gutiérrez optó por dejar el país. Su compañero Armando Rodríguez, fue asesinado el 13 de noviembre de 2008.

Sanjuana Martínez comenta que muchos periodistas han tenido que recurrir a la autocensura. Apunta: “El ambiente es verdaderamente angustioso. La impunidad es la constante. Ningún caso [de periodistas asesinados] se ha resulto. El gobierno sostiene que los crímenes son cometidos por el crimen organizado, pero las pesquisas de organizaciones no gubernamentales señalan la complicidad o franca autoría de autoridades, policías y militares”.

“De norte a sur el Ejército viola la Constitución, con eso de que hay guerra aquí todo se vale”, escribe en su columna del diario El Universal (20 de enero de 2010) la periodista Lydia Cacho, quien debido a su intensa labor en materia de derechos humanos ha sido reconocida por Amnistía Internacional.

Amnistía Internacional (AI), incluso, a través de su representante en México, Alberto Herrera, convocó el 8 de diciembre de 2009 a realizar movilizaciones a nivel mundial en contra de los abusos y violaciones a los derechos humanos del Ejército mexicano. En un informe, AI advierte que en los últimos dos años, las violaciones a las garantías individuales, como la desaparición forzada y la tortura, ha tomado “niveles escandalosos”.

“A pesar de que vivimos lejos, mientras la violencia siga creciendo en México, mientras nos sigamos enterando de que todos los días hay balaceras y muertos, y de que muchas de estas víctimas son personas inocentes que nada tenían que ver con el narcotráfico, nosotros no dejaremos de sentid pena y vivir con estrés aquí en los Estados Unidos”, concluye Luis Carvajal. 
 
 
 
 


Manuel Ortiz es periodista y fotógrafo mexicano radicado en el norte de California. Este artículo es parte de una investigación que realiza sobre los efectos que está teniendo en la población civil la “guerra contra el narcotráfico en México”. 



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