Encuesta: Mujeres inmigrantes preservan la familia

New America Media, Comentario, Sandy Close y Richard Rodriguez Posted: May 14, 2009

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Nota del editor: La historia de la migración se ha convertido cada vez en una historia de la mujer, según una encuesta publicada esta semana por New America Media. El sondeo de 1,002 mujeres inmigrantes provenientes de América Latina, Asia, África y el Medio Oriente, revela que las mujeres migran para preservar la familia entera como una unidad. En un momento en el que más de la tercera parte de las familias en los Estados Unidos son familias dirigidas por sólo un padre o sólo una madre, el 90 por ciento de las mujeres inmigrantes que se entrevistaron manifiestan que sus familias están intactas.

La historia de la migración, como se ha contado tradicionalmente, ha sido una épica masculina. Pero en los últimos años del siglo XX, al comenzar a inmigrar mujeres a América en números cada vez mayores, la historia de la migración se ha convertido cada vez en una historia de la mujer también. Las mujeres ahora se están desplazando, tanto como los hombres. Pero su narrativa es distinta a la de sus predecesores – están migrando no como individuos solitarios, sino como miembros, incluso jefes, de familias, decididas a mantener los lazos familiares intactos aun cuando viajan grandes distancias y se adaptan a nuevas culturas.

Hasta la última mitad del siglo XX, existía un gran desequilibrio de género, con los varones predominando en la corriente migratoria. Hoy en día, este equilibrio ha cambiado hasta el punto de que las mujeres en realidad componen la mitad o más de los inmigrantes que entran en este país. Igualmente dramático, las mujeres ahora componen más de la mitad de la población de migrantes en el mundo.

Lo que nuestra encuesta descubre es que la mujer forma una parte íntegra del épico evento global del siglo XX, viajando al lado del hombre en la gran migración de aldea a ciudad, de país natal a América. Este viaje, en etapas, ha activado a la mujer. Arrancada de la aldea, asentada de nuevo en la ciudad, no iba a permitir que el varón se fuera con la idea de preservar la familia, cuando en realidad la unidad familiar quedaba fracturada con su ausencia. En números cada vez mayores, la mujer ha decidido cruzar océanos y fronteras también, para reunirse con el varón una vez que se haya asentado, o para mover (y así preservar) la familia entera como una unidad.

El resultado ha sido una transformación en la naturaleza de la narrativa de la migración en sí. La inmigración, ya contemplada desde hace mucho tiempo por los americanos a través del lente del auto-descubrimiento y la reinvención de Horatio Alger [escritor americano del siglo XIX que escribía sobre el sueño de la riqueza y el éxito], es, vista por los ojos de mujeres inmigrantes, un esfuerzo comunal, llevado por un imperativo de mantener las estructuras familiares intactas. Cuando las mujeres vienen a América, vienen como esposas y madres.

A lo mejor Mamá Joad lo dijo mejor en los primeros capítulos de "Las uvas de la ira", el cuento ficticio de John Steinbeck sobre la gran migración doméstica desde los estados devastados del Dust Bowl [la Cuenca de Polvo del centro de los Estados Unidos] a la promesa de California, cuando anunció que si el enfermo del Abuelo Joad no se unía a la familia que se desplazaba a California, entonces nadie se iba. La familia viajó junta.

Sabemos que la migración de hoy en día ocurre cada vez más entre ciudad y ciudad. La historia que no se ha contado es la de la mujer inmigrante en esa corriente. Esta encuesta es un esfuerzo por capturar su narrativa, y lo que queda claro en sus respuestas – muchas a preguntas que aparentemente no tenían nada que ver con la familia como tal – es que el hilo dorado que da significado a su vida es la administración familiar. Como demuestra la encuesta, la mujer ha tenido un notable éxito en la consecución de ese objetivo. Alrededor del 90 por ciento de las mujeres inmigrantes que se entrevistaron (el 30 por ciento de las cuales indocumentadas) manifiestan que sus familias están intactas – sus esposos viven con ellas, y sus hijos nacieron aquí o han venido a este país para estar con ellos.

El logro ha requerido que las mujeres inmigrantes superen barreras formidables – la barrera del idioma (más del 60 por ciento de mujeres inmigrantes latinoamericanas, vietnamitas, coreanas y chinas todavía dicen que no han perfeccionado el inglés), la discriminación anti-inmigrante, la falta de atención sanitaria, y los puestos de sueldos bajos muy por debajo del estatus de trabajos profesionales que muchas tenían en sus países natales.

Al enfrentarse con estas dificultades mientras se asientan en América, muchas de estas mujeres también están alterando radicalmente sus papeles en sus vidas privadas. Mientras que para empezar pocas habrían reflejado la imagen de la mujer sumisa en sus países natales, casi una tercera parte informa de que han asumido las responsabilidades de jefe de familia ahora que están aquí, y comparten igualmente con sus esposos las decisiones desde las finanzas de la casa a preocupaciones más íntimas como la planificación familiar.

Casi todas informaron de que han tenido éxito en aumentar el nivel de sus ingresos (algunos dramáticamente más que otros, reflejando las diferencias en niveles de formación), lo que sugiere la hábil navegación de la vida pública y el mercado laboral en América.

Estos cambios en política del hogar marcan otra ruptura con el pasado, cuando frecuentemente eran los hombres quienes migraban de la aldea y enviaba dinero de la ciudad, o de un trabajo en el extranjero. Hoy, mientras las mujeres se han “ido” de la aldea, también han traído la aldea con ellas. En su nueva ciudad, ellas son las que mantienen la familia intacta – haciendo el papel de voz y cara públicas de la familia, asegurando la salud y educación de sus hijos y su entrada a la nueva sociedad.

El indicador más revelador de su papel como administradoras familiares es el hecho de que las mujeres dicen que son ellas la fuerza principal en sus familias cuando se trata de buscar la nacionalidad. Son las mujeres las que están cambiando el significado de la migración de lo económico a lo cívico; las mujeres las que son las figuras clave al determinar si las nuevas poblaciones inmigrantes se encontrarán (tanto literal como figurativamente) “en casa” en la ciudad americana de forma duradera. Subrayando la centralidad de familia como motivación para hacer un hogar permanente en un país nuevo, las mujeres inmigrantes dijeron que “asegurar la estabilidad familiar” es el principal motor en su búsqueda de la nacionalidad. Una segunda razón, dijeron algunas, es votar en las elecciones.

En el siglo XXI, la cara del inmigrante es la de la madre. La mujeres encuestadas revelan que vinieron a los Estados Unidos no en búsqueda de las “calles pavimentadas de oro” – ganar dinero quedó sorprendentemente bajo en la lista de prioridades durante la encuesta – sino porque veían a los Estados Unidos como un lugar para construir mejores futuros para sus hijos, y para hacer hogares permanentes para sus familias. En un momento en el que más de la tercera parte de las familias en los Estados Unidos son familias dirigidas por sólo un padre o sólo una madre, el 90 por ciento de ellas están criando a sus hijos en matrimonios intactos. En un momento de confusión social y económica sin precedentes en la sociedad más amplia cuando tanto la estabilidad familiar como la económica parecen más elusivas y más interconectadas que nunca – las mujeres inmigrantes claramente tienen mucho que enseñar y mucho que brindar al país donde buscan construir su hogar familiar.



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